MENSAJE por El Pastor
Domingo, 7 de marzo de 2010 DC
“AUNQUE LA TIERRA TIEMBLE”
Textos: Salmo 46.1-7 Isaías 54.1-10
Las tragedias vividas por los pueblos de Haití y de Chile en los recientes terremotos nos llenan de horror, y a la vez de compasión. Estas catástrofes naturales producen gran temor por su imprevista ocurrencia y por la magnitud de sus consecuencias. En los tiempos y en las regiones bíblicas conocían bien acerca de los temblores de tierra. A menudo se alude a ellos como ilustración del poder de Dios capaz de conmover los cimientos del mundo. Otras veces, los terremotos significan el anuncio de juicios y calamidades que son resultados de los devaneos de la humanidad tras el pecado y la maldad. En los Salmos, como el 46 y el 29, se afirma que podemos confiar en Dios aunque la tierra tiemble, se desmoronen las montañas, y se hunda el piso. No se aterroriza el que espera en Dios, porque sabe que Él es aún el Señor sobre todos los cataclismos y convulsiones del universo. Mientras, en el pasaje de Isaías 54 se nos asegura que la inmensa misericordia de Dios y su eterno amor superan las sacudidas y hecatombes de la tierra. Aquí el profeta advierte que por causa de nuestros pecados a menudo nos vemos en medio del desastre, pero que Jehová nunca nos abandona, ni se olvida de sus hijos. La Palabra de Dios dice que hay que confiar para vencer el miedo, y dominar el espanto. Aunque nos sorprendan los más grandes estremecimientos, si esperamos en sus promesas, llegará el socorro divino a tiempo y con abundancia. Y luego nos ayudará a reponernos de las dolorosas pérdidas, nos dará crédito para la reconstrucción, y nos pondrá en un lugar seguro.-
¿POR QUÉ OCURREN LOS TERREMOTOS?
Los terremotos, o sismos, son producto de la presión formada entre las tres capas principales que integran la estructura de la tierra. La dificultad de predecir los terremotos se debe a lo poco que se sabe sobre cómo operan los planos de falla. Durante años, los geólogos han encontrado que incluso las pequeñas tensiones que actúan sobre las placas terrestres pueden causar grandes movimientos sísmicos. Estudios científicos han comprobado que los fluidos, como el agua, quedan sellados dentro de los planos de falla durante largos períodos de tiempo. Esta presión hace más fácil el movimiento de las placas terrestres, unas hacia otras, con el resultado final de un terremoto.





